viernes, 4 de noviembre de 2011

DOGVILLE


La película de Lars Von Trier en la que está basada la obra de teatro me fascinó.  Partiendo de este punto, acudir al Romea en los poquitos días en que se iba a escenificar la ganadora del último premio Max al mejor espectáculo revelación me auguraba pasar un buen rato.

La historia es tan marcada, que no dejaba demasiadas oportunidades para innovar.  En un principio, creí haber visto exactamente lo mismo que en la película, pero tras mis reflexiones compartidas con Rubén (sí, escribo yo siempre, pero tras comentar la obra un mínimo de dos veces con mi marido) cambié de opinión.  Si bien la película desarrolla cada una de las relaciones de la protagonista con los habitantes de la cruel ciudad en la más estricta intimidad, aquí las relaciones son mucho más públicas, cosa que las convierte en si cabe, aún más duras.

Las interpretaciones son bastante correctas.  La música en directo en escena quizá sea algo ya un poco visto.  En cualquier caso, gusta ver sobre las tablas la adaptación de una película, pues quizá estamos más acostumbrados a ver lo inverso.

Rubén Hernández

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